miércoles, 13 de mayo de 2009

Impactos.

En estos días en los que por una u otra razón, he permanecido bastante tiempo en casa; he tenido la oportunidad de leer, rebuscar y mirar por internet cosas que me interesan y otras que quizás no me interesan tanto, pero para mi, ahí está la gracia de aprender.


Lo más alucinante de internet, es que buscas información sobre una cosa concreta, y esta cosa te lleva a otra, y otra, y otra más... hasta que al final te encuentras leyendo sobre cosas absolutamente distintas a las que en un principio buscaste.


Pues bien, llevo unos días observando fotografías. Unas preciosas, con paisajes de ensueño, animales en su estado natural, otras fotografías mostrando animales ridículamente humanizados (odio las fotos con animales empujados a parecer personas) otras fotografías de personas haciendo cosas, y otras... otras de personas pasándolo verdaderamente mal.






Ha sido aquí cuando me he interesado por ver fotografías que en su día ganaron el prestigioso premio Pulitzer, y ha sido aquí cuando he podido leer acerca de lo egoístas que podemos llegar a ser y de lo mucho que nos preocupa llevar la camisa planchada cuando otras personas no tienen absolutamente nada que ponerse y, lo que es peor, absolutamente nada qué comer.







Kevin Carter ganó un Premio Pulitzer en 1994 gracias a una fotografía que recorrió el mundo mostrando a una niña famélica, agonizante, mientras un buitre la acechaba, esperando que muriese para (supuestamente) proceder a devorarla.

Además del lógico escalofrío que me recorrió el espinazo, las ganas de vomitar, las ganas de llorar y el sentimiento de miseria que me invadió, sentí curiosidad por aprender más sobre este fotógrafo, que se suicidó poco tiempo después de recoger el premio, conectando una goma al tubo de escape de su coche y dejando una nota que rezaba: «He llegado a un punto en que el sufrimiento de la vida anula la alegría… Estoy perseguido por recuerdos vívidos de muertos, de cadáveres, rabia y dolor. Y estoy perseguido por la pérdida de mi amigo Ken…»


Pero resulta que, tanto la historia de la foto como la historia de Kevin Carter son un poco distintas.

La niña no agonizaba, sino que, supuestamente, defecaba, tal y como han comprobado periodistas que, tiempo después, han estado en el mismo lugar.


La historia completa se puede leer aquí: http://www.elmundo.es/suplementos/cronica/2007/595/1174777207.html


Sea como sea, y aún después de leer la historia, me sigue conmoviendo esta fotografía porque siempre me quedará la duda de saber si realmente la niña estaba defecando o si por el contrario, se encontraba tan mal y tan débil que el buitre esperaba el momento oportuno para proceder a su trabajo como carroñero que es.


Tampoco sería tan extraña esta situación ni tan descabellado este pensamiento cuando hablamos de un país en el que mueren cientos de niños todos los días por algo tan simple en nuestro mundo "civilizado" como una diarrea, un resfriado o, lamentablemente, porque no tienen absolutamente nada que echarse a la boquita.


No sabría decir cuál de las dos fotografías me remueve más las entrañas. Me gustaría que alguien me dijese que tampoco la fotografía del niño famélico mamando es lo que parece...










2 comentarios:

leticia dijo...

se ha tratado muy duramente el trabajo del reportero gráfico... en ocasiones he llegadoa pensar lo mismo... he llegado a ver la frialdad que tienen, pero la verdad es que ellos son los observadores objetivos que nos traen la verdad de las situaciones que estan pasando en muchas partes del mundo...la pregunta de ¿por que no ayudas a esas victimas que fotografias?...y a cuantas victimas deben de socorrer? por el hecho de que estemos lejos no tenemos menos responsabilidad que ellos...eso creo... la verdad que debe ser un trabajo tremendamente duro porque aunque en ocasiones no lo creamos siguen siendo humanos y sienten...

Carmen dijo...

Yo también pienso que los reporteros gráficos lo pasan verdaderamente mal porque tal y como dices, Leticia, son personas como nosotros.
En la mayoría de los casos, simplemente no pueden hacer nada.
En otras ocasiones nos encontramos con que alguien tergiversa completamente el sentido de la fotografía, tal y como pasó con la tristemente célebre supuesta foto de la niña "agonizando" cuando en realidad defecaba.
Ante situaciones parecidas se encuentran fotógrafos de naturaleza, que asisten impotentes porque además no deben intervenir, a violentas escenas entre animales.
Pero su trabajo es transmitirnos lo que ocurre, si tuviesen que intervenir no podrían hacernos ver a los demás lo que ocurre ahí fuera.